By Published On: 30 septiembre, 2026Categories: Químico y Plástico

El problema no siempre es el plástico: cómo el diseño multimaterial puede impedir que un producto sea reciclable

Una botella puede estar hecha principalmente de PET. Una charola puede utilizar un polímero perfectamente reciclable. Una bolsa puede contener polietileno que, por separado, podría incorporarse nuevamente a determinados procesos de reciclaje.

Y aun así, el producto completo puede presentar serias dificultades para reciclarse.

¿Por qué?

Porque un envase rara vez es solamente su material principal. Puede incluir etiqueta, adhesivo, tinta, tapa, sello, recubrimiento, barrera o diferentes capas unidas entre sí. Cada componente puede cumplir una función necesaria para proteger el producto, pero la combinación también puede dificultar que los materiales sean identificados, separados y recuperados.

Por eso, una de las conversaciones más importantes de la economía circular está cambiando de enfoque. Ya no basta con preguntar:

“¿Este material es reciclable?”

Ahora hay que preguntar:

“¿Este producto, tal como está diseñado, puede entrar realmente en una corriente de reciclaje y generar material aprovechable?”

Reciclable en teoría no significa reciclable como producto

Imagine un envase compuesto por un cuerpo de plástico reciclable, una etiqueta de otro material, un adhesivo incompatible y una barrera adicional.

Si analizamos únicamente el cuerpo, podríamos concluir que es reciclable.

Pero una planta de reciclaje recibe el envase completo.

Tiene que identificarlo, clasificarlo, triturarlo, separar materiales, lavarlo y convertir la fracción recuperable en materia prima con suficiente calidad para volver a utilizarla.

Organizaciones técnicas como RecyClass evalúan precisamente la compatibilidad del diseño completo con una corriente de reciclaje. Sus guías consideran elementos como polímero principal, color, barreras, aditivos, tapas, etiquetas, adhesivos, tintas, mangas y otros componentes. Una incompatibilidad puede reducir la clasificación de reciclabilidad e incluso descalificar determinados diseños.

Esto cambia la conversación:

la reciclabilidad no es solamente una propiedad del material; también es una propiedad del diseño.

¿Por qué existen tantos materiales en un mismo producto?

Si utilizar un solo material facilita el reciclaje, parecería lógico fabricar todo de esa manera.

Pero los productos tienen exigencias funcionales.

Un empaque para alimentos puede necesitar controlar oxígeno, humedad o luz. Otro debe soportar temperatura, impacto o presión. Una bolsa necesita sellarse correctamente. Una botella necesita una tapa. Una etiqueta debe permanecer adherida durante distribución y uso.

Para conseguir esas funciones, la ingeniería puede combinar materiales con propiedades diferentes.

En empaques flexibles, por ejemplo, diferentes capas pueden aportar resistencia mecánica, capacidad de sellado, impresión o propiedades de barrera.

El problema aparece cuando el desempeño durante la vida útil se consigue mediante una combinación que resulta muy difícil de separar después.

El diseño resolvió perfectamente la primera parte de la vida del producto.

Pero complicó la última.

El envase multicapa muestra perfectamente el dilema

Pensemos en una película flexible.

Visualmente puede parecer una sola lámina.

En realidad, puede estar formada por diferentes capas, adhesivos y materiales funcionales.

Durante su uso, esa estructura puede ser extraordinariamente eficiente: utiliza poco material, pesa poco y protege correctamente el producto.

Pero en el reciclaje surge otra pregunta:

¿cómo separamos esas capas?

Si están permanentemente laminadas y pertenecen a materiales incompatibles dentro de una determinada corriente de reciclaje, recuperar una fracción limpia puede ser mucho más complicado.

Esto demuestra por qué no existe una regla tan sencilla como:

“menos plástico siempre es mejor”.

Un empaque ligero puede utilizar muy poco material y tener ventajas logísticas, pero presentar mayores dificultades de reciclaje. Otro puede utilizar más material, pero pertenecer a una corriente de recuperación mucho más establecida.

La evaluación debe considerar el sistema completo.

La etiqueta también forma parte del diseño para reciclaje

Una empresa puede invertir meses en desarrollar una botella y dejar la etiqueta para el final.

Desde la perspectiva del reciclaje, eso puede ser un error.

El material de la etiqueta, su tamaño, el adhesivo y la superficie que cubre pueden afectar la capacidad de los sistemas de clasificación para identificar correctamente el envase.

RecyClass advierte que la clasificación de los envases depende, entre otros factores, de que puedan ser detectados por tecnologías de separación. Para determinadas configuraciones, una cobertura extensa de otro material puede dificultar esa identificación.

Esto significa que una decisión aparentemente gráfica —por ejemplo, utilizar una manga que cubra casi toda una botella— puede convertirse también en una decisión de ingeniería de reciclaje.

Diseño gráfico y diseño circular ya no pueden trabajar completamente separados.

El adhesivo invisible también importa

Existe otro componente que el consumidor probablemente nunca observa:

el pegamento.

Puede representar una proporción pequeña del envase, pero influir en la forma en que una etiqueta o diferentes capas se comportan durante el reciclaje.

Las guías de diseño para reciclaje analizan específicamente adhesivos para etiquetas y adhesivos utilizados en estructuras laminadas. RecyClass continúa realizando pruebas sobre estas variables; incluso sus campañas publicadas en 2026 incluyen evaluaciones de adhesivos, tintas, cierres, barreras y selladores para diferentes corrientes de envases plásticos.

Esto revela algo importante para los fabricantes:

la reciclabilidad puede depender de componentes que representan una fracción mínima del peso total del producto.

Por eso no basta con especificar correctamente la resina principal.

Hay que revisar el conjunto.

Las tintas tampoco desaparecen mágicamente

Imprimir un empaque agrega información, identidad de marca e instrucciones indispensables.

Pero las tintas también entran al proceso de reciclaje.

Dependiendo de la tecnología de impresión, cobertura, composición y corriente de reciclaje, pueden influir en la calidad del material recuperado.

No significa que un producto deba venderse sin impresión.

Significa que la elección de tintas y decoración debería incorporarse al análisis de diseño para reciclaje.

Las actualizaciones de RecyClass publicadas en marzo de 2026 incluyen precisamente nuevos criterios derivados de pruebas de laboratorio para tintas utilizadas en envases flexibles de PE y PP y en envases rígidos de HDPE y PP, entre otros elementos.

La apariencia del empaque y su comportamiento al final de la vida útil están más relacionados de lo que parecen.

El color también puede cambiar el resultado

Incluso cuando dos envases están fabricados con el mismo polímero, el color y la decoración pueden influir en su clasificación y en el valor del material recuperado.

Un reciclador no busca simplemente producir “plástico reciclado”.

Busca producir una materia prima secundaria con características que permitan venderla y utilizarla nuevamente.

Color, contaminación y mezcla de materiales pueden limitar sus aplicaciones posteriores.

Éste es un punto fundamental de la economía circular:

reciclar no significa solamente transformar un residuo. Significa obtener un material que alguien pueda volver a utilizar.

Si el resultado tiene una calidad demasiado baja o aplicaciones extremadamente limitadas, el circuito pierde valor económico.

El problema también puede estar en una tapa

Botella, tapa y etiqueta suelen diseñarse como componentes separados.

El reciclador recibe los tres juntos.

Dependiendo del polímero, densidad y proceso utilizado, algunos componentes pueden separarse eficientemente; otros pueden contaminar la corriente principal.

Por eso las guías técnicas analizan de manera específica los materiales utilizados en cierres, sellos y válvulas. Las actualizaciones de 2026 de RecyClass, por ejemplo, incorporaron nuevos criterios sobre materiales de cierre para botellas PET y otros componentes de envases.

Una tapa pequeña puede parecer irrelevante frente al peso de la botella.

Pero el diseño circular no pregunta únicamente cuánto pesa.

Pregunta:

¿qué ocurre con ella cuando todo el envase entra al proceso de reciclaje?

Diseñar monomaterial no significa fabricar todo de una sola sustancia

Aquí conviene evitar otra simplificación.

Cuando la industria habla de diseños monomaterial, no necesariamente significa que absolutamente cada molécula o componente del producto sea idéntico.

En muchos casos se busca que la estructura sea predominantemente compatible con una misma corriente de reciclaje y que los componentes secundarios no interfieran significativamente con ella.

La clave es la compatibilidad.

Por ejemplo, una estructura puede utilizar materiales de una misma familia de polímeros o componentes diseñados para separarse durante el proceso.

Por eso, sustituir un laminado multimaterial por una alternativa diseñada alrededor de una corriente predominante puede mejorar su potencial de reciclaje.

Pero nuevamente debe validarse el desempeño.

No sirve diseñar un empaque perfectamente reciclable que deje de proteger adecuadamente el producto.

El desperdicio del producto también cuenta

Ésta es una de las tensiones más importantes del ecodiseño.

Supongamos que una empresa elimina una capa barrera para simplificar el envase.

Ahora el empaque es más fácil de reciclar.

Pero la vida de anaquel del alimento cae significativamente y aumentan las mermas.

¿Fue realmente una mejora ambiental?

No necesariamente.

El diseño circular necesita considerar la función que cumple el empaque y evitar que la búsqueda de reciclabilidad provoque pérdidas mayores en otra parte del sistema.

Por eso, la pregunta no debería ser:

“¿cómo eliminamos todos los materiales secundarios?”

Sino:

“¿cuáles son realmente necesarios y cómo podemos cumplir su función con la menor complejidad compatible con el reciclaje?”

La separabilidad puede ser tan importante como el material

Hay productos que necesariamente necesitan diferentes materiales.

En esos casos aparece otra estrategia:

diseñar para desmontar.

Si dos materiales incompatibles pueden separarse fácilmente antes o durante el reciclaje, el problema cambia.

Pero esa separación tiene que ser realista.

No basta con afirmar en una presentación que:

“el consumidor puede quitar la etiqueta”.

Hay que analizar si efectivamente la retirará, si resulta intuitivo hacerlo y si el sistema de reciclaje está preparado para procesar el producto como fue diseñado.

RecyClass señala, por ejemplo, que en determinadas combinaciones de materiales los componentes no plásticos deberían poder retirarse para evitar interferencias con la corriente de reciclaje.

El diseño para desmontaje funciona cuando la separación está integrada al producto, no cuando depende de una acción improbable.

Europa está convirtiendo el diseño para reciclaje en regulación

El tema ya no pertenece únicamente a compromisos voluntarios.

El Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases, conocido como PPWR, establece un nuevo marco europeo en el que la reciclabilidad estará vinculada a criterios de diseño para reciclaje.

El reglamento prevé que, desde 2030, la reciclabilidad de los envases se evalúe mediante grados de desempeño basados en criterios de design for recycling. Desde 2035, además, entrará en la evaluación el reciclaje efectivo a escala. Los envases que queden por debajo del nivel mínimo establecido estarán sujetos a restricciones para su comercialización.

La distinción es relevante:

2030: ¿el envase está diseñado para poder reciclarse?

2035: ¿además se está reciclando realmente a escala?

Europa está intentando cerrar así una brecha histórica entre reciclabilidad teórica y reciclabilidad práctica.

Esto también importa a fabricantes mexicanos

Una empresa mexicana puede no estar directamente obligada por todas las disposiciones europeas.

Pero si fabrica envases, componentes o productos para clientes que comercializan en la Unión Europea, las decisiones de diseño de esos clientes pueden trasladarse hacia la cadena de suministro.

Un comprador puede comenzar a preguntar:

  • ¿qué polímero utiliza?
  • ¿Qué porcentaje representa?
  • ¿Qué barrera incorpora?
  • ¿Qué adhesivo?
  • ¿Qué tinta?
  • ¿Puede separarse la etiqueta?
  • ¿El componente es compatible con determinada corriente de reciclaje?

Eso transforma la circularidad en un requisito potencial de proveeduría.

Una empresa capaz de responder con datos técnicos tendrá una posición distinta frente a otra que solamente pueda decir:

“nuestro plástico es reciclable”.

México también cambió su marco en 2026

El 19 de enero de 2026 se publicó en México la nueva Ley General de Economía Circular. Su objetivo incluye incrementar la vida útil de los productos, minimizar residuos y promover su recuperación, aprovechamiento y valorización. La ley también incorpora conceptos como diseño circular, materias primas secundarias y Responsabilidad Extendida del Productor.

Además, establece que el Programa Nacional deberá fomentar el diseño circular desde la producción, incluyendo criterios para optimizar materiales vírgenes e incorporar materias primas secundarias y recicladas.

Esto no significa que desde 2026 exista una regla mexicana universal que prohíba todo envase multimaterial.

Tampoco significa que México haya adoptado automáticamente los mismos criterios técnicos del PPWR europeo.

Pero sí confirma una dirección regulatoria relevante: el diseño del producto empieza a formar parte de la política de circularidad, no solamente el manejo del residuo una vez generado.

El reciclador debería participar antes de lanzar el producto

Tradicionalmente, una empresa puede desarrollar un envase mediante una secuencia parecida a ésta:

  • Marketing define la apariencia.
  • Ingeniería define desempeño.
  • Compras negocia materiales.
  • Producción valida maquinaria.
  • Y años después alguien pregunta al reciclador:
  • “¿puedes procesarlo?”

El diseño circular propone invertir parcialmente esa lógica.

Antes de cerrar especificaciones conviene conocer qué corriente de reciclaje recibirá el producto, qué componentes son compatibles, cuáles generan contaminación y qué modificaciones facilitarían su recuperación.

Las guías de RecyClass funcionan precisamente de esta manera: evalúan componentes frente a corrientes concretas de reciclaje y clasifican características como compatibles, de compatibilidad limitada o incompatibles.

Eso permite incorporar la reciclabilidad antes de fabricar millones de unidades.

Cambiar un componente puede valer más que cambiar todo el envase

Una conclusión interesante es que mejorar la reciclabilidad no siempre requiere rediseñar completamente el producto.

Quizá el polímero principal ya sea adecuado.

El problema puede ser:

la etiqueta, el adhesivo, la tinta, la barrera, el cierre o una combinación específica de materiales.

Identificar exactamente cuál componente provoca la incompatibilidad permite intervenir con mayor precisión.

Eso puede reducir costos de desarrollo y evitar sustituir soluciones que ya funcionan correctamente.

Por eso, antes de cambiar de material, conviene realizar un diagnóstico de diseño para reciclaje.

La pregunta deja de ser:

“¿qué plástico deberíamos utilizar?”

Y pasa a ser:

“¿qué elemento de nuestro diseño está dificultando que este material pueda recuperarse?”

Menos materiales puede significar también menos complejidad empresarial

Simplificar materiales puede generar beneficios que van más allá del reciclaje.

Menos referencias pueden significar una cadena de suministro más sencilla, menor dependencia de proveedores especializados, menos inventarios, especificaciones más claras y mayor facilidad para incorporar material reciclado posteriormente.

Pero la simplificación debe hacerse sin comprometer desempeño, inocuidad, seguridad o vida útil.

Ése es el verdadero reto de ingeniería:

conseguir la función necesaria utilizando un sistema material lo suficientemente simple para poder recuperarlo después.

Una prueba sencilla para cualquier fabricante

Una empresa puede tomar uno de sus productos actuales y desmontarlo físicamente sobre una mesa.

  • Cuerpo principal.
  • Tapa.
  • Etiqueta.
  • Adhesivo.
  • Sello.
  • Recubrimiento.
  • Tinta.
  • Barrera.
  • Accesorios.

Después puede identificar el material de cada componente y preguntar qué sucede con ellos dentro de la corriente de reciclaje prevista.

Ese ejercicio puede revelar rápidamente que el problema no está donde parecía.

Quizá 90% del peso del producto sea perfectamente recuperable.

Pero el 10% restante dificulta su clasificación o reduce la calidad del reciclado.

Ahí puede estar el siguiente proyecto de innovación.

Conclusión

Durante años, buena parte de la conversación ambiental alrededor de los envases se resumió en una pregunta:

“¿plástico sí o plástico no?”

La realidad industrial es bastante más compleja.

Un producto fabricado con plástico puede estar diseñado para integrarse correctamente a una corriente de reciclaje.

Otro, elaborado con un polímero potencialmente reciclable, puede incorporar capas, adhesivos, etiquetas, tintas o materiales incompatibles que dificulten significativamente su recuperación.

Por eso, el problema no siempre es el plástico.

A veces es cómo combinamos los materiales.

La nueva Ley General de Economía Circular mexicana ya incorpora el diseño circular dentro del marco nacional, mientras Europa avanza hacia criterios regulatorios de diseño para reciclaje que comenzarán a tener efectos importantes sobre los envases a partir de 2030.

Para los fabricantes, esto convierte la reciclabilidad en una decisión que debe tomarse mucho antes de que el producto llegue al contenedor.

  • En selección de materiales.
  • En ingeniería.
  • En diseño de empaque.
  • En adhesivos.
  • En etiquetas.
  • En tintas.
  • En cierres.

Y en la forma en que todas esas piezas interactúan cuando termina la vida útil.

La pregunta que puede definir el próximo diseño ya no es solamente:

“¿qué material nos da el mejor desempeño mientras el producto se utiliza?”

También es:

“cuando termine su función, ¿podremos volver a separar y aprovechar los materiales que hoy estamos uniendo?”

Ahí comienza el verdadero diseño para la economía circular.

Fuentes consultadas

Nota: Este artículo fue desarrollado con el apoyo de herramientas tecnológicas avanzadas y revisado por el Departamento de Comunicación de CANACINTRA León, destacando la colaboración entre innovación tecnológica y experiencia humana.

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